UNOCOMUNICACIÓN
Autora del diseño
SOFlA MACHER BATANERO
MERCÈ RIVAS TORRES
Autora del texto
“Mi fuente de energía es la indignación frente a la
injusticia”
PERÚ, 1951
Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, ha destacado por su trabajo en Amnistía Internacional
o en la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y muy especialmente por
jugar un papel trascendental en la Comisión de la Verdad y Reconciliación
en Perú, en el marco de la cual ha acabado presidiendo el Consejo de
Reparaciones.
“El común denominador de todos estos años ha sido una opción por los que
sufren exclusión, abusos”, afirma Sofía. “Desde el colegio me involucré en
actividades de la Juventud Estudiantil Católica. Era la búsqueda de la
justicia, la indignación de la pobreza”. Más tarde en la Universidad fue
dejando su militancia en la Iglesia católica para enrolarse en la
política: “Eran los tiempos en que queríamos cambiar el mundo”.
Pero ante el escaso avance de los movimientos políticos para transformar
la sociedad, se convirtió en una gran defensora de los derechos humanos
desde la organización Amnistía Internacional. Cuando comenzó la dura época
de los años ochenta en Perú, Sofía Macher se volcó en la lucha por
recuperar la democracia y se convirtió después, en el año 2000, en
representante de la sociedad civil en la Mesa de Diálogo creada por la
Organización de Estados Americanos.
En esta mesa se negoció la salida del entonces presidente, Alberto
Fujimori, y la creación de un Gobierno de transición. Inmediatamente
después, Sofía Macher comenzó a trabajar en la Comisión de la Verdad y la
Reconciliación (establecida en 2001 e inspirada en la creada en
Suráfrica). “Era una exigencia de justicia por los crímenes cometidos
durante la violencia política que vivió mi país. El haber logrado crear
una Comisión de la Verdad durante el Gobierno de transición fue una
victoria del movimiento por los derechos humanos”, añade Sofía.
Esta asesora de organismos internacionales en Washington y Canadá nos
comenta que los años más intensos de su trabajo fueron su época dentro de
la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos de Perú, que englobaba a más
de 70 organizaciones. “Fueron los años en que organizamos la resistencia
frente a la dictadura del presidente Fujimori teniendo como única arma la
ética, la defensa del Estado de Derecho y triunfamos”, comenta con
orgullo. “Lo que vino después, la Comisión de la Verdad y el Consejo de
Reparaciones, son consecuencia de la dura lucha de los años noventa”.
La Comisión de la Verdad realizó un gran esfuerzo para tener un
conocimiento exacto y minucioso del proceso de violencia. Sus
investigadores recorrieron todo Perú, tomaron miles de testimonios y se
volcaron especialmente en las localidades más olvidadas y postergadas que
asimismo fueron las más castigadas.
“Nuestra obligación”, reconoce el informe de la Comisión de la Verdad,
“era escuchar y hacer que se escuchara a las víctimas. De ahí el empeño
que pusimos en hacer audiencias públicas durante el 2002, siendo uno de
los aspectos más dramáticos del trabajo” y añade: “En las audiencias
públicas la ciudadanía revivió el dolor de nuestros compatriotas, quienes
durante esos años no sólo sufrieron los efectos de la violencia, sino
además la negación del derecho a ser escuchados y acompañados en su dolor,
ya que hasta ese momento se habían enfrentado a una gran indiferencia”.
“Creo que cuando terminó el trabajo de la Comisión de la Verdad”, afirma
tajantemente Sofía Macher, “nuestra sociedad era más justa, se llevó a la
esfera pública lo que se hizo en secreto, aparecieron miles de víctimas
invisibles, sus voces fueron escuchadas por primera vez. Fue un proceso
irrepetible, y los que fueron y son enemigos de este proceso en mi país lo
único que han conseguido con sus ataques es hacer más importante esta
experiencia”.
Durante los dieciocho meses que duró el trabajo de la Comisión, se
recogieron miles de testimonios sobre crímenes y violaciones de los
derechos humanos cometidos desde 1980 hasta el año 2000. Dicho informe
pudo evidenciar que la violencia se distribuyó en el territorio nacional
de manera muy desigual y cómo se encarnizó en aquellas zonas que desde
hace ya mucho tiempo sufren el atraso, la postergación y sobrellevan la
carga más dura del subdesarrollo.
“Lo más difícil es poder llegar al problema principal de donde se
desprenden todos los demás, no confundirte ni perder el tiempo en
problemas secundarios. Lo que más me ha ayudado para superar los
obstáculos y las dificultades durante este proceso es escuchar y escuchar
a los demás. Darme cuenta de cómo piensan y sobre eso revisar mis
propuestas”, concluye Macher.
El 28 de agosto del 2003, ante el nuevo Gobierno elegido democráticamente,
las autoridades judiciales, el Defensor del Pueblo y numerosas
representaciones internacionales, se daban a conocer las conclusiones,
condensadas en doce tomos y siete anexos, de la Comisión de la Verdad y la
Reconciliación.
En dicho acto el Presidente de la Comisión, Salomón Lerner, afirmaba con
tristeza: “La historia de Perú registra más de un trance difícil, penoso,
de autentica postración nacional. Pero, con seguridad, ninguno de ellos
merece estar marcado tan rotundamente por el sello de la vergüenza y el
deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a relatar en
este informe”.
“El informe que le entregamos”, añadió Lerner dirigiéndose al entonces
Presidente de la República, Alejandro Toledo, “encierra un doble
escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos y el de
la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir
esta catástrofe humanitaria y no lo hicieron”.
Un día más tarde, el 29 de agosto, Sofía Macher, al igual que todos los
que habían participado en la Comisión, se trasladó a Ayacucho, una de las
zonas más afectadas, para realizar una ceremonia simbólica de reparación a
las víctimas, cuyo número se calcula en unas 200.000. Una vez concluida
esta laboriosa y ardua etapa, Sofía Macher pasó a presidir el Consejo de
Reparación con la finalidad de resarcir el daño a las víctimas de la
violencia política tanto a nivel material como simbólico.
Una de las funciones del Consejo de Reparación era crear el Registro Único
de Victimas. “Es una tarea ardua y sin los aliados de otros sectores no lo
podríamos conseguir”, afirma Sofía Macher, “por eso es de agradecer el
apoyo de las Iglesias católica y evangélica, que facilitaron sus
parroquias y agentes pastorales para registrar a las víctimas de la
violencia”.
En estos momentos la cifra aproximada de registrados son 25.000 personas y
5.000 comunidades, pero hay que tener en cuenta que no se ha llegado a las
zonas más remotas del país. “Cuando la Comisión de la Verdad fue a hacer
un trabajo de campo”, declara Sofía al primer portal digital de Perú,
Generaccion, “se encontró con la sorpresa de que cerca de dos mil
comunidades ni siquiera aparecían en el mapa. Es como una llamada de
atención, para decir a los peruanos y sobre todo a nuestros políticos que
si no resuelven estas diferencias, un conflicto similar puede estallar en
cualquier momento”.