ANGÉLICA VILET
Autora del diseño
SHREEN ABDUL SAROOR
CHARLOTTE VAN DEN ABEELE
Autora del texto
“Antes de pensar en la reconciliación, nuestra sociedad
va a tener que aprender de nuevo cómo perdonar; tenemos que reavivar el
espíritu de la convivencia que conocimos”
SRI LANKA, ANTES CEILÁN, 1969
Co-fundadora de la Fundación Para el Desarrollo de las
Mujeres de Mannar (MWDF) en 1998. Fundadora de Mujeres de Mannar por los
Derechos Humanos y la Democracia en 2006. Su labor ha sido reconocida con
el Premio Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de Paz), 2004, del Joan B.
Kroc Institute for Peace and Justice (Instituto Joan B. Kroc para la Paz y
la Justicia) y el Premio Voices of Courage (Voces de Valentía) en 2008, de
la Comisión de Mujeres para los Refugiados.
El día a día de Shreen Abdul Saroor está anclado en los recuerdos y la
nostalgia de su infancia: cuando los tamiles y los musulmanes vivían
juntos en armonía en su barrio en Mannar durante varias generaciones.
En 1948, año de la independencia frente al Imperio Británico, el Gobierno
de Sri Lanka inicia la promoción de una política a favor de la población
mayoritaria, los cingaleses. Frente a ese favoritismo, en 1976, se
desarrolla una ola de nacionalismo tamil que desencadenará en la formación
de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE), cuyos militantes
emprenden una lucha armada contra el Gobierno. Desde el principio de los
años ochenta, los Tigres Tamiles reivindican la creación de un Estado
independiente en el noreste de la isla. Después de más de 25 años de
conflicto, 70.000 muertos y más de un millón de personas desplazadas, la
guerra ha acabado recientemente, pero aún no ha llegado la paz a Sri
Lanka.
Shreen pertenece a la comunidad musulmana. Se trata de una de las minorías
que, desde los años ochenta y el principio de la guerra civil, padece
constante discriminación tanto por parte del Gobierno, que excluye de sus
políticas a la población del norte, como por parte de los Tigres Tamiles,
que consideran a los musulmanes como una amenaza en su lucha.
En 1990 la situación empeora. Los musulmanes del Norte son expulsados de
su tierra por los Tigres Tamil. Tendrán 48 horas para abandonar tras de sí
sus vidas y posesiones. En un mes, la operación de “limpieza étnica” se
completa: 75.000 musulmanes huyen dejando el “territorio libre”.
La familia de Shreen fue una de las muchas que huyeron de Mannar en barcos
de pescadores hacia Puttalam, donde se montaron campos de refugiados de
urgencia.
Cuando los musulmanes fueron expulsados, Shreen estaba estudiando en la
Universidad de Colombo (capital de Sri Lanka) pero pudo mantenerse en
contacto con su familia y su comunidad.
La vida de los refugiados en los campamentos la hizo aún más sensible al
sufrimiento vivido por su comunidad y la persuadió de la necesidad de
luchar con los miembros de la misma para defenderles en un país donde
nadie les protege. “Tenía la sensación de que los musulmanes del Norte no
pertenecían a ningún sitio”, comenta Shreen.
Las condiciones de vida en los campamentos tienen un gran impacto en la
vida de niños y jóvenes. Los que nacen allí, además de su condición de
tamil y de musulmán, llevan consigo el estigma del refugiado,
incrementando el grado de discriminación que soportan. Los campamentos
experimentaron asimismo una verdadera islamización con repercusiones
importantes para las mujeres. Tras ocho años en los campamentos y
olvidadas por el Gobierno, las mujeres deciden regresar a sus casas.
Shreen inicia con ellas el proyecto de retorno. Contacta con amigas
tamiles y junto a un grupo de mujeres vuelve a la tierra desolada de
Mannar. Una vez allí, Shreen emprende el camino para “resucitar el
armonioso pasado entre las dos comunidades” (tamil y musulmana),
asociándose con una antigua compañera de colegio para fundar la Federación
Para el Desarrollo de las Mujeres de Mannar (MWDF) en octubre de 1998.
La verdadera reconciliación llegará más tarde. Muchas mujeres tamiles y
musulmanas transformadas, por culpa de la guerra, en “cabezas de familia”
tendrán otras prioridades: ganar un poco de dinero para mantener a sus
hijos. Así, la asociación MWDF centró sus primeros esfuerzos en promover
actividades generadoras de recursos para las mujeres a través de programas
de microcrédito. Prestar dinero para pequeños proyectos a mujeres tamiles
y musulmanas de vuelta a su tierra “será el punto de partida para abordar
otros asuntos como el de la reconciliación y los derechos humanos”, dice
Shreen. Pero la resistencia por parte de algunas mujeres musulmanas fue
notable, ya que mantenían el resentimiento hacia las mujeres tamiles. La
labor de mediación de Shreen poco a poco se convirtió en un éxito: las
mujeres iniciaron proyectos que implicaban la colaboración entre las dos
comunidades. “Fue un proceso gradual pero, observando su manera cooperar,
creí en la posibilidad de la reconciliación”, añade Shreen.
Shreen deja en esa época el sector público donde trabajaba para
involucrarse al cien por cien en el sector asociativo, empezando a
desarrollar una labor profesional en la Agencia Canadiense de Desarrollo
Internacional (Canadian International Development Agency). En 1999, cursa
un Master en Asuntos de Género. Tras dos años de existencia y no pocos
logros, la MWDF da mayor vigor a su esfuerzo por luchar por los derechos
de las mujeres. Junto a las mujeres tamiles y musulmanas, planta cara a
las violaciones y a la violencia contra las mujeres, que está casi
institucionalizada. La Federación lidera varias acciones: asesora a
mujeres víctimas de la violencia, organiza encuentros de información,
emprende acciones colectivas, como reuniones alrededor de la casa de la
víctima para parar las agresiones del marido... Y sobre todo, intenta
involucrar a los hombres en las actividades realizadas en el seno de la
organización, con la esperanza de que esos hombres, criados y educados en
una cultura militar de violencia, vean que otro modelo es posible. Por
primera vez, el debate sobre estos asuntos es público; “ya no era un
tabú”, dice Shreen.
Las actividades de la MWDF se diversifican viendo la amplitud del trabajo
que queda por hacer. En 2001 emprende un proyecto con jóvenes musulmanes,
tamiles y cingaleses en base a los logros conseguidos con mujeres tamiles
y musulmanas. A través de actividades deportivas, los jóvenes del Sur y
Norte del país se encuentran y poco a poco transforman la percepción del
otro.
El mayor objetivo de Shreen es de construir un Pueblo Modelo de
Reasentamiento (Model Ressetlement Village) en su pueblo natal, donde
vivirán juntas las comunidades tamil y musulmanas. Quiere ver el proyecto
liderado por mujeres. “Sería un ejemplo de reconciliación étnica y de
convivencia pacífica entre dos comunidades polarizadas”, dice Shreen. A
pesar de que se ha proclamado el fin de la contienda debido a la muerte de
los principales dirigentes de la guerrilla tamil, las heridas abiertas
tras 25 años de conflicto tardarán mucho en curar y hasta entonces será
muy difícil hablar de paz, una paz a la que, sin duda, Shreen está
contribuyendo muy significativamente.