ANTONIO SERRANO BULNES
Autor del diseño
ROSA PARKS
CARMEN SAMPEDRO
Autora del texto
“Lo único que me molesta es que hubiera tardado tanto
tiempo en hacer esta protesta”
ESTADOS UNIDOS, 1913 – 2005
Considerada la madre de los derechos civiles modernos.
Fue una activa militante contra la segregación y el racismo. Su gesto de
desobediencia en un autobús cambió la Historia del país y la vida de los
afroamericanos. Publicó los libros Fuerza silenciosa y la autobiografía My
life.
A veces un solo gesto puede convertirse en la chispa que cambia el curso
de la Historia. Parks, costurera y militante en el Movimiento por los
Derechos Civiles, hizo ese gesto el 1 de diciembre de 1955 al negarse a
ceder su asiento a un pasajero de raza blanca en un autobús de Montgomery
(Alabama). Esa desobediencia a la ley de segregación le costó la cárcel,
una multa de 14 dólares, y provocó el boicot de 381 días a los autobuses
públicos. Martin Luther King, un pastor bautista relativamente desconocido
en ese tiempo, se puso al frente de los movimientos de protesta que
llevaron a la histórica decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos
de abolir la segregación en el transporte público por considerarla
contraria a la Constitución.
Rosa Parks se convirtió en un icono del Movimiento de los Derechos Civiles
y no sólo debido a su coraje. La prensa la identificó como una modista muy
trabajadora que un día se cansó de viajar al fondo de un autobús. Pocos
sabían más allá de Montgomery que era una mujer con conciencia política y
que trabajaba como secretaria de la rama local de la Asociación Nacional
para el Avance del Pueblo de Color (National Association for the
Advancement of Colored People, NAACP). Tampoco que había asistido a la
Highlander Folk School, un centro educativo que promovía los derechos de
los obreros y la igualdad racial. Como ella señaló sobre ese día: “No es
que estuviera cansada por una larga jornada de trabajo. Simplemente estaba
harta del maltrato”.
Rosa Louise McAuley –su apellido de soltera– era hija de un carpintero y
de una profesora de nombre Leona, que le legó como filosofía de vida el
aprovechar las oportunidades sin importar que fueran muy pocas. Recordando
a su madre, Rosa dijo en una entrevista: “En ese entonces las
oportunidades eran prácticamente inexistentes porque no teníamos derechos
civiles. Todo se reducía a sobrevivir, a mantenerse con vida día a día.
Cuando era niña recuerdo irme a dormir escuchando el griterío del Ku Klux
Klan en uno de sus linchamientos, y sentir miedo de que incendiaran mi
casa”. Esa larga convivencia con el miedo se transformó en alivio durante
el boicot y los movimientos de protesta contra la segregación que
transcendieron las fronteras de Estados Unidos y despertaron el interés
del resto del mundo. “El alivio fue saber que no estaba sola”, dijo,
recordando esos días.
Junto a su marido, Raymond Parks, Rosa trabajó dentro de la Asociación en
muchos casos de flagelación, crímenes y violaciones contra los
afroamericanos. Era lo que ella definió como un trabajo silencioso porque
la prensa no se hacía eco de esos casos. “Se trataba sobre todo de
desafiar a los centros de poder y hacerles saber que no queríamos seguir
siendo ciudadanos de segunda clase”.
En 1957 Rosa Parks se mudó con su marido a Detroit (Michigan), donde ella
formó parte del equipo de asesores del senador demócrata John Conyers.
Entre otros reconocimientos a su tenaz militancia contra el racismo, el
Consejo de Liderazgo Cristiano del Sur estableció en su honor el Premio
Rosa Parks a la Libertad. Luego de la muerte de su marido en 1977, Rosa
fundó el Instituto para el Auto-Desarrollo que lleva el nombre de ambos
(Rose and Raymond Parks Institute for Self-Development). Una de las
actividades principales incluye el programa anual de verano para
adolescentes, llamado “Los senderos de la libertad”. Son viajes en autobús
a lo largo del país para conocer la historia de Estados Unidos y del
Movimiento de los Derechos Civiles.
Cuando ya jubilada le preguntaron si era feliz en esa etapa de su vida,
ella contestó: “Hice lo mejor que pude para vivir con optimismo y la
esperanza de días mejores para la gente de color. Pero no creo que exista
eso que se define como felicidad total. Todavía me duele saber que sigue
habiendo racismo y mucha actividad por parte del Ku Klux Klan. Pienso que
cuando uno dice que es feliz es porque siente que tiene todo lo que
necesita, todo lo que quiere, y ya no se desea nada más. Yo todavía no
llegué a sentir eso”.
Como reconocimiento a una vida dedicada a luchar contra el racismo, en
1999 Rosa Parks recibió la Medalla de Oro del Congreso de los Estados
Unidos de manos del entonces presidente Bill Clinton. En la medalla está
grabado: “Madre del Movimiento por los Derechos Civiles modernos”.
Cuando murió, el 24 de octubre del 2005 a la edad de 92 años, su féretro
fue colocado durante dos días en la Rotonda del Capitolio para que el
pueblo norteamericano pudiera presentarle sus respetos a la mujer que
cambió la vida de tantas personas. Fue la primera mujer en la Historia del
país que yace en el Capitolio, un honor normalmente reservado a los
presidentes.
En su caso, un simple gesto de desobediencia o “mala conducta” se conectó
con uno más trascendental: el del Derecho.