ESTEBAN SALGADO
Autor del diseño
MARCELA LAGARDE Y DE LOS RlOS
LAURA ALONSO CANO
Autora del texto
“Nosotras no luchamos contra la violencia sino que
trabajamos por la paz”
MÉXICO, 1948
Etnóloga y doctora en Antropología. Profesora de los
postgrados de Sociología y de Antropología de la Universidad Nacional
Autónoma de México, así como del Diplomado en Estudios Feministas.
Presidenta de la Red Por la Vida y la Libertad de las Mujeres. Presidenta
de la Comisión Especial de Feminicidio de la Cámara de Diputados de México
de la LIX Legislatura. Diputada promotora de la Ley General de Acceso de
las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia. Autora de diversas obras
feministas.
Desde hace más de 25 años, muchas mujeres hemos conocido y puesto en valor
a través de la didáctica de Marcela Lagarde el inmenso trabajo que otras
mujeres han realizado, fundamentalmente en el siglo XX, para que hoy
podamos considerar nuestros los derechos que nos corresponden. Académica y
feminista, su empeño vital es trabajar por alcanzar una vida digna y en
libertad para las mujeres; a ello dedica todos sus esfuerzos.
Nacer en México ha marcado su experiencia. En su país la violencia entra
casi en el terreno de la mitología con un continuo suceder de revoluciones
sangrientas. Su juventud transcurrió en la América Latina de la revolución
cubana. Ha vivido en un entorno de discursos beligerantes libertarios u
opresivos que nunca la dejaron indiferente. No obstante, su educación ha
sido pacifista en un país exaltador de las revoluciones: “Yo he optado
siempre por la democracia y por la paz”.
Cuando Marcela Lagarde fue invitada para ser diputada por el Partido de la
Revolución Democrática, ya había recorrido una larga trayectoria de
militancia política con sucesivos encuentros y desencuentros en diversos
partidos de izquierdas de México. A finales de los años setenta se
incorpora al movimiento feminista del que forma parte activa y relevante
desde entonces.
Antes de ingresar en la Cámara de Diputados de su país, trabaja como
antropóloga con las feministas mexicanas para explicar qué está pasando en
Ciudad Juárez en relación con los asesinatos de mujeres y niñas desde hace
más de una década. Consecuencia de su análisis, al incorporarse como
diputada, Marcela Lagarde llevaba en su agenda tipificar el feminicidio
como delito de lesa humanidad y ello supuso un cambio de paradigma que le
permitió aportar nuevas soluciones con las que avanzar.
Los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez se han presentado desde sus
inicios como un problema estrictamente policial y, en gran medida, así se
siguen considerando socialmente. La comisión parlamentaria presidida por
Marcela Lagarde se denominó Comisión Especial para Conocer y Dar
Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la
República Mexicana, evidenciando desde su inicio el cambio de perspectiva.
A pesar de la gravedad y persistencia de los hechos, la constitución de
esta comisión se demoró ocho meses en una legislatura de tres años: no
constituía una prioridad para muchos de los diputados mexicanos.
Después logró ganar el presupuesto necesario para realizar una
investigación diagnóstica en todo el Estado mexicano y así demostrar que
los asesinatos no sólo se producen en Ciudad Juárez, sino que se extienden
a todo el país. Junto con 70 colaboradoras expertas en género, elaboró la
metodología adecuada para analizar los asesinatos desde una perspectiva
feminista que explicara esta violencia en su verdadera dimensión, huyendo
de prejuicios y tópicos y ahondando en las circunstancias que sirven de
sustento a esta violencia extrema.
Mostrar los datos concluyentes de la investigación, a la Cámara de
Diputados y al país, ha permitido enfrentar el problema desde la
información y no desde la subjetividad. Ninguna sociedad puede aspirar a
la paz sin construirla con las mujeres porque, en palabras de Marcela
Lagarde, “hay una guerra no declarada, llamada violencia de género, de
hombres sobre las mujeres y el Estado ha sido clave para que exista esa
violencia, se reproduzca y reine la impunidad”. La sociedad habitualmente
ignora y silencia la violencia que se inflige a las mujeres, de forma que
ésta llega a formar parte habitual de las relaciones de todo tipo. La
cultura machista refuerza insistentemente estas actitudes como algo
natural; hay un refuerzo permanente en las imágenes, en los enfoques y en
las explicaciones que legitiman la violencia: “Una de las claves que
caracterizan el feminicidio es que estamos ante una violencia ilegal pero
legitimada socialmente”.
En el transcurrir de la legislatura, Marcela y un grupo muy reducido de
diputadas concluyeron que no bastaba con tipificar como delito el
feminicidio aun siendo una de las expresiones más extremas de violencia.
Había que legislar afirmando que la violencia contra las mujeres no es
natural, que se puede eliminar si cambian las condiciones de vida de las
mujeres, si cambian las relaciones entre los géneros, si cambian sus
relaciones con el Estado. Como consecuencia de aquel empeño y una gran
tenacidad en busca de los acuerdos necesarios, desde el 2 de febrero de
2007 está vigente en México la Ley General de Acceso de las Mujeres a una
Vida Libre de Violencia.
La Ley General aprobada es la primera ley en Latinoamérica que, desde la
perspectiva de género y de los derechos de las mujeres, desarrolla las
diferentes modalidades de la violencia: violencia en la familia, violencia
en la comunidad, violencia laboral, violencia docente, violencia
institucional y violencia feminicida; además establece los mecanismos para
la erradicación de las mismas. Se trata de una política integral que
articula y coordina a los tres niveles de Gobierno en la prevención,
atención, sanción y erradicación de la violencia contra las niñas y las
mujeres.
Podemos entender mejor la dimensión de la labor legislativa realizada con
esta ley si sabemos que las mujeres con ideología feminista eran sólo tres
en una cámara con 22 diputadas y 408 diputados y en un contexto
socioeconómico marcadamente patriarcal como el mexicano. Marcela y su
equipo se emplearon en el diálogo, en la razón y en la demostración
científica de los argumentos: “En el método mismo estaba la construcción
pacífica de las opciones”.
Al finalizar la legislatura, aun a pesar de sentir el privilegio de poder
representar los deseos de muchas mujeres, Marcela Lagarde decide no
continuar siendo diputada. Entonces funda, junto con otras mujeres, la Red
de Investigadoras por la Vida y Libertad de las Mujeres, donde conviven
opciones políticas distintas desde el respeto y el diálogo pluripartidista
como herramientas básicas para construir nuevas alternativas. Y esta tarea
no ha hecho más que empezar porque en México una ley general no es
suficiente, se hace necesario legislar en cada Estado y a ello también
está dedicada Marcela Lagarde, impulsando 32 leyes locales. No obstante,
ocho Estados, los más conservadores, se resisten ferozmente alegando que
esta ley atenta contra la familia.
Trabajar, como lo hace Marcela, por la mejora de las condiciones de vida
de las mujeres en nuestro planeta supone poner el foco en la población que
sufre las mayores desigualdades y, a la vez, en la población que atesora
la mayor capacidad transformadora de toda la sociedad.