UNOCOMUNICACIÓN
Autor del diseño
CORA WElSS
MANUELA MESA PEINADO
Autora del texto
“Cuando soñamos solos, es nada más que un sueño. Pero
cuando soñamos juntos el sueño se puede convertir en realidad”
ESTADOS UNIDOS, 1934
Pacifista, feminista y activista, ha dedicado toda su
vida a trabajar por la paz. Ha jugado un papel muy relevante en la lucha
contra las pruebas nucleares en Estados Unidos, contra la guerra en
Vietnam y más recientemente en la aprobación de la Resolución 1325.
Actualmente es presidenta de Hague Appeal for Peace (Llamamiento por la
Paz de La Haya) y el International Peace Bureau (Oficina Internacional por
la Paz).
Recuerdo a Cora en mis primeros años de andadura en la educación para la
paz. Ella organizó el “Llamamiento por la Paz de la Haya”, el “Hague
Appeal”, y las propuestas que de allí salieron han sido una referencia en
mi trabajo por la paz en estos años, al igual que para otras muchas
personas y organizaciones. Cora frecuenta España, su trayectoria como
feminista y activista por la paz la convierte en una conferenciante única,
capaz de entusiasmar al auditorio y de crear complicidades. Ella es un
referente del pacifismo internacional y siempre ha sabido atraer a la
causa del pacifismo tanto a personas influyentes como a las organizaciones
de base que trabajan desde sus comunidades por la paz. Cora sabe tejer con
extraordinaria destreza vínculos y alianzas con otras mujeres y esto ha
marcado su trabajo por la paz.
“Uno tiene la edad de su causa”, afirma, y ”la de la paz es siempre joven.
Tengo un marido y cómplice contra la guerra y por el desarme desde hace 53
años. Tres hijos, mi tres grandes razones, y muchos nietos a los que
dejarles un mundo mejor. En la vida cuando mantienes una dirección con
sentido, todos los caminos, el de los derechos humanos, el de la justicia
y el de la igualdad acaban siendo el mismo. Para mí la paz forma parte de
mi vida”.
Siempre ha sido una mujer muy combativa. En sus años de estudiante de
Derecho era la única mujer de su clase de 90 alumnos. Era la época del
macartismo y de la caza de brujas emprendida por el senador Mc Carthy en
su persecución de comunistas e izquierdistas. Los estudiantes,
aprovechando un resquicio constitucional, lograron reunir un número
importante de firmas para tratar de destituirle. Aunque el juez invalidó
por “ilegibles” parte de las firmas e impidió su expulsión, aquella
experiencia fue un importante aprendizaje para ella, que se dio cuenta de
que juntos se pueden cambiar las cosas. “Si todos soñamos lo mismo,
podemos hacer realidad misiones imposibles”.
Después fue madre y la paz vino de la mano de la preocupación por la salud
de sus hijos. Eran los años sesenta, y Estados Unidos realizaba pruebas
nucleares, cuyas radiaciones se sospechaban perjudiciales para la salud.
Un científico les propuso a algunas mujeres que participaran en un
programa para enviar los dientes de leche de sus niños, para determinar
mejor el grado de contaminación radiactiva y los efectos sobre la salud.
Surge así la organización Mujeres por la Paz que facilitó la colaboración
de muchas mujeres en enviar los dientes de sus hijos para que fueran
examinados. Los resultados del estudio fueron devastadores y confirmaron
la sospecha: los niños tenían restos de productos tóxicos en sus dientes.
Este hecho movilizó a miles de mujeres estadounidenses que se organizaron
para protestar contra las armas nucleares y contra la realización de estas
pruebas. Se logró finalmente que el presidente Kennedy firmase una ley que
prohibiese estas pruebas. Luego llegó Vietnam y muchas de estas mujeres,
entre ellas Cora, pasaron a involucrarse en poner fin a esta guerra, que
devolvía a sus jóvenes en ataúdes.
Cora es una mujer firme e independiente y esto la llevó a aceptar ser la
presidenta de un programa de desarme que impulsaba una importante iglesia
protestante de Nueva York. Recuerda con mucho cariño aquellos años. No
dejaba de ser paradójico que ella, una mujer judía, fuese la presidenta de
la campaña y anduviese organizando actividades y ceremonias en la iglesia
protestante. Pero esto no fue un obstáculo sino un elemento positivo que
permitió aparcar las diferencias y promover espacios de encuentro en la
comunidad, independientemente de la religión que se profesase. Fue una
campaña creativa, cargada de ilusión, en una búsqueda constante de hacer
las cosas de otra manera teniendo en cuenta a la gente.
En la década de los ochenta, cuando en Naciones Unidas se estaban
planificando las cumbres que abordarían los grandes temas como el medio
ambiente, la mujer, el desarrollo social y el hábitat, entre otros, se
planteó que el último de ellos fuera la paz. Sin embargo, esta propuesta
fue bloqueada y la paz salió de la agenda de las cumbres. Esta decisión
llevó a que las organizaciones de la sociedad civil tomaran la iniciativa
de organizar ellas mismas una cumbre sobre paz. Era complicado porque
ninguna de las organizaciones tenía ni los recursos ni las capacidades
para llevarlo a cabo. Pero la coalición entre varias organizaciones y el
empeño de algunas personas como Cora permitieron que en 1999 se reunieran
en la Haya más de 10.000 personas a favor de la paz. Fue una de las
mayores conferencias que jamás se hayan organizado a favor de la paz. Las
propuestas de este encuentro fueron adoptadas posteriormente por Naciones
Unidas. Hubo muchos logros, pero Cora resalta particularmente dos: “Se
estableció un valioso programa de educación para la paz que sigue vigente
en la actualidad y que ofrece 50 propuestas para pasar de una cultura de
la violencia a una cultura de paz”. Y en segundo lugar, se introdujo la
dimensión de género en las acciones de paz. “No podíamos aceptar que las
mujeres siguieran estando excluidas de los procesos de negociación y que
no pudieran participar en decisiones que afectaban a sus vidas de una
forma tan directa”. Se reunieron organizaciones y personas que elaboraron
propuestas que favoreciesen una mayor participación de las mujeres en los
procesos de negociación de la paz. Cora trabajó en esos años de forma
incansable para que estas propuestas llegasen al Consejo de Seguridad.
Finalmente, el trabajo de esos años culminó con la aprobación por
unanimidad en el Consejo de Seguridad de la Resolución 1325 sobre el papel
de las mujeres en la construcción de la paz en el año 2000. Esto fue
considerado un gran triunfo de los movimientos pacifistas y feministas que
durante estos años habían trabajado codo con codo para lograr que esta
Resolución saliera adelante. Sus puntos clave se sintetizan en las tres
“P”: “Participación”, “Prevención” y “Protección”. Participación, porque
las mujeres tienen derecho a participar en todos los niveles de toma
decisiones en los procesos de paz. Prevención, porque se debe prevenir la
violencia contra la mujer en el plano local y global. Y protección, porque
se debe proteger a las mujeres en los conflictos armados, donde la
violación se ha convertido en un instrumento de guerra para humillar al
enemigo. Por esto la Resolución 1820, aprobada durante 2008, complementó
la Resolución 1325 al considerar la violencia sexual como un crimen de
lesa humanidad.
“Han pasado casi 10 años desde que la Resolución fue aprobada”, explica
Cora, “y los avances han sido importantes”. Muchos países han elaborado un
Plan de Acción, con acciones de formación y capacitación para incentivar
la participación de las mujeres. Ha habido logros importantes, pero
todavía queda mucho camino por recorrer. “Mi meta final sería lograr la
abolición de la guerra. De igual modo que se logró acabar con la
esclavitud, el siglo XXI debería ser el siglo en el que la guerra
desaparezca y se dé paso a la diplomacia”. Para Cora la paz podría
representarse como una gran mesa de cristal, en la que las personas se
reúnen para resolver sus conflictos. Porque el cristal es frágil y
transparente, como son los procesos de construcción de la paz.