ISABEL MARTÍN
Autora del diseño
CLAUDlA LÓPEZ
MERCÈ RIVAS TORRES
Autora del texto
“Hace falta acción política individual y colectiva,
nacional e internacional, para denunciar, desmontar y deslegitimar la toma
criminal del poder político en Colombia”
COLOMBIA, 1970
Estudió Finanzas y Relaciones Internacionales en Bogotá
y en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos. Ha sido consultora
del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y trabaja por la
paz desde el Observatorio del Conflicto Armado que pertenece a la ONG
Corporación Nuevo Arco Iris. Ha dedicado su vida personal y profesional a
trabajar por la paz en su país.
“Mi aporte personal por la paz es investigar y analizar independientemente
el conflicto armado y sus consecuencias, pero desgraciadamente en Colombia
no hay garantías para hacer eso”, afirma esta mujer de gran formación
académica, que en su día a día tiene que llevar escolta para su seguridad.
“Guerrilleros, paramilitares y mafiosos y también algunos agentes
estatales intimidan y asesinan a quienes los denunciamos. Quienes
trabajamos sobre el conflicto armado colombiano estamos amenazados por
todos los lados”, asegura. “El nivel de intolerancia y de amenaza armada
es el mayor obstáculo que tenemos quienes trabajamos por la paz en
Colombia”.
Se vinculó a la paz cuando diversos estudios mostraron que la guerrilla
había abandonado su carácter político y había emprendido un camino militar
y mafioso. Asimismo “el narcoparamilitarismo” logró a partir del
narcotráfico y el tráfico armas adquirir un enorme poder. “La guerrilla”,
asegura Claudia López, “ha engañado sistemáticamente a la sociedad y al
Estado colombiano cuando se han abierto procesos de diálogo y negociación.
Cada vez degrada más la guerra y ataca a civiles inermes: los secuestros,
las minas y los ataques indiscriminados a poblaciones así lo demuestran”.
“Lo más difícil para lograr la paz es convencer a millones de ciudadanos y
a las élites políticas y económicas de que renuncien a usar ejércitos y la
seguridad privada e ilegal (sicarios, paramilitares, autodefensas) y opten
por fortalecer el Estado y la fuerza pública para obtener seguridad”,
opina esta mujer dedicada a analizar conflicto para alcanzar la paz.
“Mientras una parte sustancial de la sociedad legitime el uso de la
violencia es muy difícil parar la escalada del conflicto armado. Y eso no
se va a obtener en una mesa de negociación con los paramilitares o la
guerrilla, sino con un proceso pedagógico, ciudadano y político de
convencer a las mayorías sociales y políticas de que opten y se
comprometan por la legalidad y la legitimidad”.
Considera que su mayor logro es haber contribuido a desvelar la
“parapolítica”, es decir, los vínculos y pactos que construyeron
paramilitares, narcotraficantes y políticos para tomar o mantenerse en el
poder y usarlo en su propio beneficio.
Claudia aspira a morir de forma natural y no por la acción armada e
intolerante y quiere aprender “mejores métodos y técnicas que nos permitan
entender cómo podemos cerrar los espacios del conflicto armado y abrir las
posibilidades de la paz”. Comenta que la frase con la que más se siente
identificada es con la del artículo 40 de la Constitución colombiana de
1991, que dice: “Todo ciudadano tiene derecho a participar en la
conformación, ejercicio y control del poder político”. Y añade orgullosa:
“Y a eso es a lo que me dedico”. Claudia considera que hay que saber qué
pasó en la guerra, quiénes son sus responsables, cómo se ha desarrollado,
cuáles son sus crímenes, quiénes son sus víctimas, qué consecuencias trajo
el conflicto a sus vidas. “Esas preguntas son vitales para nuestra
democracia y el logro de la paz, pero de forma muy especial para las
víctimas y las futuras generaciones”, afirma.
La ONG para la que trabaja, Corporación Nuevo Arco Iris, tiene por
objetivo contribuir a la construcción de un nuevo orden social en el que
prevalezcan la paz, el respeto a la diferencia, la equidad y la justicia
social mediante estrategias de intervención en el ámbito del desarrollo
humano, social, político, cultural, económico y ambiental. Claudia opina
que las organizaciones sociales han sido testigos de excepción de la
tumultuosa vida social y política colombiana y del conflicto armado: “Han
conocido y padecido los horrores de la guerra, han visto de frente la cara
de las víctimas, han sido ellas mismas víctimas”. Y añade: “Ven en temas
como la paz, la guerra, el conflicto social y político y los derechos
humanos rostros, tragedias propias y ajenas pero estrechamente vinculadas
a su razón de ser”. No hay que olvidar que el conflicto armado sigue
forzando a una gran cantidad de personas a ser desplazados internos y ha
hecho que muchos colombianos hayan tenido que huir del país pidiendo asilo
político.
Las bandas armadas surgidas en Colombia tras el desarme de los
paramilitares de ultraderecha están conformadas por unos 10.200 efectivos
que tienen el control de una cuarta parte del país y operan especialmente
al servicio del narcotráfico, según muestra un estudio privado conocido
por la AFP (Agencia France Presse).
“La realidad es que a mayo de 2008, 77 congresistas estaban involucrados
en la llamada “parapolítica”, de los cuales sólo 28 están presos. Y el 90
% de los congresistas involucrados en la investigación judicial de la
“parapolítica” forma parte de los siete partidos de la coalición de
Gobierno del Presidente Uribe”, relata Claudia López indignada. El
narcotráfico ha refinado progresivamente los métodos de infiltración del
poder político e incrementado su nivel de “éxito”. Y según afirma el
director ejecutivo de Corporación Nuevo Arco Iris, León Valencia Agudelo,
“si se suman los paramilitares reinsertados que han vuelto a las armas,
los que no se desmovilizaron y las bandas emergentes, tenemos otra vez
10.200 personas en armas, que se dedican al narcotráfico, y que están
asumiendo muchas de las características de los anteriores grupos
paramilitares, las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia. Estos grupos
atacan a líderes sociales, organizaciones comunitarias y dirigentes
políticos, buscan influir en el poder local y controlar el territorio”.
Claudia insiste en que “se necesita mucho más que acción judicial para
frenar el narcotráfico y el paramilitarismo en la política colombiana.
Hace falta acción política individual y colectiva, nacional e
internacional, para denunciar, desmontar y deslegitimar la toma criminal
del poder político en Colombia”.