“Si defiendo los derechos de los dominicanos-haitianos
es porque alguien los viola”
Es hija de haitianos que tuvieron que salir de su país hacia la República
Dominicana en busca de trabajo como braceros del Consejo Estatal del
Azúcar. Comenzó a luchar a los 13 años por los derechos de los haitianos y
de los dominicanos- haitianos que fueron y siguen siendo discriminados,
rechazados y explotados en la República Dominicana. Tras cursar estudios
en Cuba fundó la organización MUDHA (Movimiento de Mujeres Dominico-
Haitianas) para seguir peleando por su causa. En el año 2006 recibió el
Premio Robert F. Kennedy a los Derechos Humanos, así como otro de Amnistía
Internacional. Vive constantemente amenazada.
“La discriminación por motivos de raza, idioma, color de la piel o
nacionalidad es una realidad cotidiana para muchos haitianos y dominicanos
de ascendencia haitiana, explica Sonia Pierre.
La migración de la población haitiana a la República Dominicana es un asunto
controvertido, utilizado a menudo por grupos nacionalistas dominicanos
para culpar a la comunidad haitiana de los problemas sociales y de
seguridad que sufre el país. Pero la realidad es que son muchos los
haitianos y dominicanos hijos de haitianos que contribuyen sustancialmente
a la economía dominicana realizando los trabajos más difíciles, peligrosos
y mal remunerados. El periódico DiarioDigitalRD describía la situación de
estos hijos de inmigrantes como “los vigilantes que cuidan nuestros
edificios, los obreros de nuestras construcciones, la servidumbre en
nuestros hogares, los braceros en los cañaverales, pagándoles salarios
miserables”.
Naciones Unidas describía la situación en 2007 diciendo que “en la sociedad
dominicana existe un profundo y arraigado problema de racismo y
discriminación”, destacando el efecto injusto de ciertas leyes, sobre todo
las relativas a inmigración y ciudadanía. En febrero del 2008, el Comité
de los Derechos del Niño de la ONU publicó un informe en el que ponía de
relieve con honda preocupación que los hijos e hijas de migrantes
haitianos siguen teniendo un acceso restringido a la educación, la salud y
los servicios sociales.
Tanto Sonia como sus cuatro hijos sufren continuas amenazas a causa de su
trabajo. Tan es así, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos pidió
a las autoridades dominicanas que diesen protección a la familia, cosa que
no se hizo.
“En la República Dominicana los dominicanos de origen haitiano somos
invisibles” afirmaba con dolor Sonia Pierre el 20 de Noviembre del 2006 en
Washington cuando la Fundación Robert F. Kennedy le concedía su premio “en
reconocimiento por sus esfuerzos que por largo tiempo ha llevado a cabo
para proteger los derechos de los inmigrantes haitianos, que se enfrentan
a una intolerancia y discriminación arraigada en la nación caribeña”.
En ese mismo acto Gay McDoual, juez y experto de Naciones Unidas para el
tema de las minorías declaraba que “en un momento que incluso los
haitianos de segunda y tercera generación son objeto de brutales abusos a
los derechos humanos, Sonia Pierre ha surgido como la más profunda líder
del movimiento de derechos de las minorías en la nación”. A lo que Sonia
le contestó: “Para nosotros el derecho a un nombre y a una nacionalidad
implica muchas cosas: el derecho a la educación, a la sanidad, a la vida”.
Sonia creció como otros cientos de miles de personas de ascendencia haitiana
en un batey (campo de trabajo) en donde su familia trabajaba. “Ahí estuve
hasta que me casé, comenta, sólo salí en alguna ocasión para temas de
estudios”. Su madre María del Carmen cruzó la frontera sola “ya que venía
a la República Dominicana detrás de su compañero, pero en la frontera
conoció a mi padre y la cruzaron juntos. En Haití se quedó su hijo mayor y
allí sigue” explica Sonia. Y añade: ”Mi padre murió cuando yo tenía año y
medio”. Su madre tuvo otra pareja con la que tuvo doce hijos más.
Durante su estancia en el batey La Lechera, Sonia soñaba con otro tipo de
vida subiéndose a una loma que estaba detrás de su casa: se llamaba “Come
Hombres” porque ahí se encontraron muchas osamentas de los cadáveres que
dejó el dictador Trujillo. “Iba con mi hermano a esa loma porque había
además de las osamentas muchos lagos y peces y camarones que nosotros
pescábamos”, recuerda.
El español es su primera lengua aunque con su madre habla en creole, “pero
cuando me oyen hablar creole en Haití o en algún otro lugar me dicen que
lo hago mal, que hablo creoñol”.
En marzo del 2007 Sonia vio como grupos nacionalistas arrancaban su foto de
una exposición que se había colocado en el Parque de la Independencia
junto a la de otras cien mujeres que habían destacado en la República
Dominicana. “Me siento muy dolida por lo que ha pasado”, se lamentaba
Sonia, “trabajar por los derechos humanos no es fácil. Si defiendo los
derechos de los dominicanos- haitianos es porque alguien los viola”.
Pero esa no ha sido la última agresión a Sonia. En abril del 2007 la Junta
Electoral dominicana anunció la anulación del acta de nacimiento de esta
activista por “irregularidades en la emisión de este documento, expedido
en 1963”. Estas declaraciones crearon pánico en los cientos de miles de
dominicanos de origen haitiano ya que les hubiera podido afectar a todos.
“Yo soy dominicana y me duele este país” reivindicaba con desesperación
Sonia, desde Estados Unidos, en donde se encontraba recuperándose de una
operación de corazón que fue cubierta económicamente por un miembro
anónimo de la Fundación Robert F. Kennedy.
Por todas esas razones, Sonia encabeza la organización MUDHA con el objetivo
de contribuir al reconocimiento de los derechos civiles y políticos de la
población dominicana de ascendencia haitiana, además de reducir los abusos
que se cometen en su contra por parte de las autoridades del Gobierno.
En MUDHA se da protección y ayuda a esta población para que puedan tener
derecho a una vida digna. Desde información legal a cursos de educación
para la salud, capacitación profesional para las mujeres así como
sensibilización para el conjunto de la población de la isla. “Hacemos el
trabajo que el Gobierno no hace, no quiere hacer o deja de hacer”.
El potente colectivo “Mujeres y Salud” salía en defensa de Sonia denunciando
todas las agresiones y amenazas “porque Sonia ejerce desde hace varias
décadas la defensa de los derechos humanos de la población
dominico-haitiana, visibilizando la situación de la inmigración y la
defensa de las mujeres de los sectores más desfavorecidos del país”.
Consciente de que la vida de las mujeres todavía es más complicada que la de
los hombres, ahora está muy dedicada a ellas: “Hay que hacer visible a la
mujer haitiana, porque siempre se habla del bracero haitiano pero ellas
sólo existían como mujeres de…..sin derechos”.
FUENTES
www.mudha.org
DiarioDigitalRD
Robert F. Kennedy Memorial (2006) “Dominican born Haitian rights activist
wins 2006 RFK Human Rights Award”