“La búsqueda de osamentas nos producen contradicciones,
angustia y también alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia”
Nació en una familia modesta de doce hermanos. Su madre, Ángela Henríquez
costurera, sobrevivió a la masacre de la Escuela Santa María de Iquique
(una matanza ocurrida en 1907, debido a la violenta represión de las
movilizaciones de trabajadores del salitre en protesta por sus indignas
condiciones de trabajo). Su marido fue un detenido desaparecido de la
dictadura del general Pinochet. Fue la Presidenta de la Agrupación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura del General
Pinochet.
Cursó hasta tercer año de Humanidades en el Liceo Darío Salas, pero lo tuvo
que abandonar por motivos económicos. Casada y con tres hijos, comenzó su
trabajo social en La Serena, donde participó en organizaciones de mujeres.
Desde muy temprana edad, Sola se integró a las luchas sociales. A los 19
años ingresó en las Juventudes Comunistas.
“Desde que mi marido desapareció, no he descansado”, declaraba pocos días
antes de fallecer. “Se puede vivir con ese dolor permanente porque me
resulta difícil llorar”. Sin embargo su trabajo incansable fue
recompensado con todo tipo de premios dedicados a los derechos humanos.
A pesar de su fortaleza interna y su tenacidad opinaba que quizás su postura
era un mecanismo de defensa, una manera de protegerse.”Si me quiebro, se
quiebran todos, no puedo fallar”, añadía. Se sentía culpable de haber
dedicado poco tiempo a sus hijos aunque se consolaba pensando que ellos lo
entendieron. “Otros hijos de desaparecidos”, comentaba, “se quejaban no
sólo de haber perdido al padre sino también a la madre que se entregó a la
causa de buscar y buscar”.
Nieta, hija y esposa de luchadores, nunca pudo superar la desaparición de su
marido. “Todavía imagino que algún día golpeará a la puerta y llegará. A
veces fantaseo con que está en una cárcel secreta y que lo pueden soltar”.
Seria, bajita y gesticulando constantemente sus grandes manos, afirmaba
pocos días antes de entrar en el quirófano donde falleció: “Nunca me he
cansado de luchar y lo hago todos los días para que este país cambie. Esta
nación está enferma”.
Sus padres decidieron ponerle el nombre de Sola, ya que a su madre no le dio
tiempo a trasladarse al hospital y al llegar su padre a casa gritó: “Ha
nacido solita” y con ese nombre se quedó. Pero ese hecho no la condicionó
en su vida de lucha constante. Tras desaparecer su marido tuvo que cambiar
de casa y de barrio más de 19 veces a causa de las amenazas. Pero a pesar
de su coraje, su rostro cambiaba cuando hablaba de la búsqueda de fosas
donde fueron enterrados los desaparecidos. “En el tema de búsqueda de
osamentas, se nos producen contradicciones, siento mucha angustia, también
alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia”.
Siempre con su cabello corto característico, se lo estaba cortando cuando le
anunciaron la detención de su marido y ya nunca más cambió de imagen. Sólo
vivió para la lucha. “Siento impotencia de no poder hacer algo más para
que cambie la situación que se vive en Chile respecto a los derechos
humanos. Tenemos que poner a cada uno en su sitio, el criminal es el
criminal, la víctima es la víctima y hacia ello tenemos que apuntar. La
vida tiene que ser para todos igual”.
Después del golpe militar de 1973, Sola empezó a trabajar con los familiares
de los detenidos, visitando cárceles y estadios. Después de la detención
de su esposo, ocurrida el 15 de diciembre de 1976, por agentes de la
Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), se incorporó a la Agrupación de
Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) y desde ese día no dejó de
denunciar lo que estaba ocurriendo. Con ocasión de la realización del
Simposio Internacional por los Derechos Humanos, organizado por la Iglesia
Católica en noviembre de 1978 en Chile, intervino en nombre de todos los
familiares de las víctimas frente a representantes de organismos
internacionales.
Reelegida presidenta de la Agrupación en cinco ocasiones, formó parte del
grupo que creó la Comisión Chilena de Derechos Humanos, del Comité por la
Vida, la Verdad y la Justicia y trabajó también con la organización
Mujeres por la Vida. “La actividad más importante de la Agrupación fue en
1976 cuando mantuvimos una huelga de hambre durante 10 días en la CEPAL
(Comisión Económica para América Latina y Caribe) para denunciar la
situación de los detenidos desaparecidos”, recordaba siempre Sola. Dicha
huelga finalizó tras la intervención de Naciones Unidas.
En abril de 1987 fue recibida por Juan Pablo II en su viaje a Chile y le
entregó un libro con los rostros de los detenidos desaparecidos. Era tan
grande su carisma que cuando los familiares de un detenido acudían a la
agrupación, los familiares la tomaban de la mano y le decían: “Sé que tu
vas a encontrar a mi hijo”. “En ese momento”, reflexionaba Sola, “se
siente tanto dolor, tanta responsabilidad”.
En 1988 integró el Comité Ejecutivo de la Federecación Latinoamericana de
Familiares Detenidos y Desaparecidos (FEDEFAM), siendo encargada de las
Relaciones Internacionales, lo que le permitió representar a la Federación
en Naciones Unidas, en Nueva York así como en otras muchas ciudades
europeas.
Participó junto con el cantante Sting y otros artistas en los conciertos que
Amnistía Internacional realizó en las ciudades de Mendoza y Santiago de
Chile y planteó sus reivindicaciones a personajes como Felipe González o
Edward Kennedy.
En septiembre de 1997 declaró en la Audiencia Nacional en la investigación
que se llevaba en España contra Augusto Pinochet así como en la Cámara de
los Comunes de Londres. Esa fue quizás una de sus mayores satisfacciones
antes de fallecer. “Cuando nos llegó la noticia de que Pinochet había sido
detenido en Londres por orden del juez Garzón no nos lo podíamos creer.
Nos vino a la memoria el rostro de cada uno de nuestros seres queridos.
Esos rostros nos decían que la constancia y la perseverancia de nuestra
lucha estaba dando frutos” recordaba en Barcelona al recibir el Premio
Alfons Comín.
Pensando en ese Pinochet detenido, Sola declaraba solemnemente: “Por fin
será reconocido ante el mundo como el criminal que llegó al poder a base
de sangre y fuego para imponer un régimen dictatorial, que asesinó,
torturó y secuestró. No tenemos un sentimiento de venganza sino de que
nuestra lucha no ha sido inútil. En nuestro país se cometieron delitos
contra la humanidad y hay que trabajar para que no se vuelvan a repetir”.
Tras desaparecer Sola, su hija Lorena Pizarro pasó a dirigir la Agrupación
de Desaparecidos. Al tomar posesión comentaba: “Es una gran
responsabilidad para mí seguir con el legado de mi madre porque yo me crié
en esta Agrupación. Mi papá desapareció cuando yo tenía diez años, crecí
aquí y me casé con el hijo de otro desaparecido. Toda mi vida ha girado en
torno a esta lucha”.
CLAVES PARA ILUSTRACIÓN
- “La búsqueda de osamentas nos producen contradicciones, angustia y también
alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia”
- “No tenemos un sentimiento de venganza sino de que nuestra lucha no ha
sido inútil. En nuestro país se cometieron delitos contra la humanidad y
hay que trabajar para que no se vuelvan a repetir”
FUENTES
Contexto histórico de
Chile e información sobre derechos humanos
Web de la
Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos
Página web del Centro de
Derechos Humanos
Datos aportados por Elisabeth Lira. Chile