Ex guerrillera del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional
(FMLN), fue socia fundadora de Las Dignas (Asociación de Mujeres por la
Libertad y la Vida) y actualmente una importante militante por la
construcción de la paz. Ha sido concejala con el apoyo del movimiento
ciudadano y posteriormente diputada. Actualmente sigue luchando desde la
Colectiva Feminista para el Desarrollo Local (CFDL) y la Unión de
Organizaciones Locales de Mujeres por el Desarrollo con Equidad de Género
y Justicia Social).
“Fuimos las mujeres, con sus múltiples quehaceres, quienes brindamos soporte
y protección imprescindible para la existencia de la guerrilla. Esas
mismas mujeres, cuando acabo la guerra, fuimos mayoritariamente
ignoradas”, opina con energía Morena Herrera.
“Hemos sido las protagonistas de iniciativas en la construcción de la paz,
en la recuperación de la memoria histórica y en la lucha contra la
impunidad del pasado y del presente”, relata Herrera. Y recuerda: “En
tiempos de guerra en El Salvador, este pequeño país superpoblado y carente
de selvas y bosques, en la guerrilla se decía que la montaña donde nos
desarrollábamos era el pueblo, pero poco pensábamos en que esa
montaña-pueblo tenía una dimensión de género”. Así de contundente es
Morena Herrera a la hora de definir el papel de la mujer durante la guerra
que asoló a su país durante 12 años, entre 1980 a 1992, y en la que ella
participó activamente como guerrillera. “En los refugios, durante la
guerra, muchas mujeres aprendieron a leer y escribir pero, cuando
recuperamos la paz, perdieron esos avances y volvieron a la subordinación
y al rol tradicional”, explica con esa persistencia que le caracteriza.
Ahora, en tiempos de paz las mujeres “se resisten a quedarse en ese rol y
entonces los hombres las repudian y maltratan”.
En estos momentos las estadísticas dicen que a diario se registran unas 60
denuncias por abuso y violencia machista mientras que un promedio de 36
mujeres son asesinadas al mes, en este país centroamericano de seis
millones y medio de habitantes y una extensión parecida a la de Galicia. Y
lo peor de todo, añade Morena, “es que muchos de esos crímenes no son
investigados”.
Los colectivos de mujeres salvadoreños, según Morena, tienen mucha fuerza a
nivel local, pero esa fuerza “está dispersa. Es necesario enfrentarse con
problemas que están soterrados, pero los partidos políticos aún no han
entendido que las mujeres son una fuerza social y política muy importante”
añade esta activista feminista que abrió los ojos frente a la injusticia
cuando se unió a los colectivos católicos durante su juventud.
Con su incorporación al movimiento estudiantil de secundaria y a las
comunidades eclesiales de base fue tomando conciencia de las injusticias
sociales y de la fuerte represión con la que el Gobierno respondía a las
demandas sociales. Apoyó huelgas del movimiento sindical, a las
organizaciones que luchaban por la defensa de los derechos humanos y
también se acercó a las organizaciones de barrios y colonias. Pero
realmente fue la represión un elemento central en su vinculación en la
milicia y comités de barrios. “A partir de 1979, formé parte de la
estructura de coordinación de organizaciones en este campo y, desde esa
fecha hasta después de la ofensiva general de 1981, fui responsable de los
comités de barrios y colonias del área metropolitana de San Salvador. A
partir de 1981, me incorporé a las estructuras de la guerrilla rural; los
primeros cuatro años trabajando en la atención de la población civil en el
Frente de Guazapa; a partir de finales de 1984, asumí responsabilidades
político-militares en diferentes zonas del país”, sigue explicando.
La contienda, una de las más duras de continente americano, llevó a El
Salvador más violencia y pobreza. Los Acuerdos de Paz no lograron acabar
con la violencia. “Las Dignas dicen que la violencia machista es
estructural, los hombres viven la violencia como un signo de poder, por lo
que el más valiente es el que con más impunidad se adueña del cuerpo de
las mujeres”.
“En esos años, no tenía conciencia feminista”, matiza Morena, “pero sí me
daba cuenta de que las cosas no funcionaban igual si éramos mujeres y
hombres. Y así surgieron Las Dignas, a partir del cuestionamiento de que
los derechos de las mujeres no eran considerados con igual importancia,
incluso en el seno de las organizaciones progresistas”. Esta organización
se define como “feminista, creada por un grupo de mujeres que quieren
contribuir a la erradicación de la subordinación de género”.
Casi al final de la guerra “llegó un momento en que la falta de comprensión
a la demanda de autonomía por parte de Las Dignas y una mirada distinta a
la situación del país, a las posibilidades de salida del conflicto armado
y a la relación con las organizaciones sociales, me fueron distanciando
del movimiento guerrillero” relata Herrera. Y remata: “En aquel momento,
no aceptaron una propuesta que un grupo de mujeres hicimos, centrada en la
militancia individual y el respeto a la autonomía de la organización de
mujeres; esto me llevó a dejar mi militancia partidaria”.
Los primeros años de vida de Las Dignas estuvieron marcados por los intentos
de construir una organización amplia de mujeres; su base principal eran
las mujeres de las zonas de conflicto o repoblaciones en las que
Resistencia Nacional (una de las fuerzas que integraban el FMLN) tenía o
había tenido presencia: “El conflicto armado tuvo diferentes impactos en
la vida de las mujeres, dependiendo de dónde les tocó vivirla, de qué
lado, en qué funciones, qué papeles asumieron”, recuerda esta salvadoreña
de gran coraje.
La guerra supuso cambios en la vida de muchas mujeres, ya que tuvieron que
asumir responsabilidades inimaginables en otros contextos, rompiendo en la
práctica con la asignación de funciones sociales que antes sólo estaban
permitidas a los hombres. “A muchas nos hacía sentir importantes”, sonríe
Morena, “pero esos cambios fueron producto de las circunstancias”.
“La mayoría de las mujeres que participaba en actividades de apoyo lo hacía
desde su identidad de madres y cuidadoras, extendiendo esa función a todos
lo muchachos, como llamaban a la guerrilla, pero al terminar la guerra, se
cerró el paréntesis: volvieron a las tareas domésticas”. Morena matiza sus
palabras, diciendo que “también es verdad que la mayoría de las mujeres
asumieron muchas responsabilidades en ámbitos que antes de la guerra no
conocían, y aunque muchas estaban relacionadas con tareas asignadas a la
feminidad tradicional (como la salud, la enseñanza, la administración de
alimentos, etc.), quizá lo más importante es que en los refugios
desempeñaron cargos de dirección, tomaron decisiones sobre sus vidas y
sobre las formas de convivencia en el seno del refugio”.
Y analiza con amargura: “Cuando se firmaron los Acuerdos de Paz, se
realizaron actos de cierre y formaciones militares simbólicas; allí no
estábamos las mujeres. Fuimos rápidamente despojadas del reconocimiento y
el prestigio por el trabajo realizado”. Reivindica la capacidad de tener
sueños propios tanto individual como colectivamente; la capacidad de tener
proyectos y programas de lucha propios; la capacidad de decidir con cabeza
propia y no esperando directrices de otras estructuras que se consideren
superiores.
En El Salvador, “los Acuerdos de Paz pusieron fin al conflicto armado y
abrieron algunos espacios a la participación política y ciudadana, pero no
se construyó la paz”, concluye Morena.
FUENTES
Entrevista
Organización "Las Dignas"